Cuando todo continúa
Hay momentos en los que nada parece requerir una decisión. No ocurre nada relevante, no aparece ninguna bifurcación clara, no se percibe urgencia ni conflicto. Las cosas siguen su curso habitual, con una sensación de normalidad suficiente como para no detenerse.
No hay elección explícita. No hay un punto marcado en el que algo empiece o termine. Simplemente, se continúa. Lo que ya estaba en marcha permanece, y lo que no se cuestiona se mantiene por defecto.
No se vive como una decisión. Se vive como continuidad.
No hubo una decisión clara
En estos casos, no hubo un “sí” ni un “no”. Nadie asumió la decisión porque nunca llegó a formularse. Tampoco hubo una pregunta que exigiera respuesta. El proceso avanzó sin que nadie lo interrumpiera para definir qué estaba ocurriendo.
Aun así, algo quedó fijado. Una dirección se consolidó, un marco se estabilizó, una situación pasó de provisional a permanente sin que mediara un acto explícito de decisión.
No hubo gesto decisorio, pero hubo resultado.
La inercia también decide
La repetición tiene efectos estructurales. Mantener lo existente, no revisar lo establecido o dejar pasar el tiempo sin intervenir no son estados neutros. Son formas de decidir sin formular la decisión.
La inercia no introduce novedades, pero consolida. Cada vez que algo se repite sin revisión, gana peso. Cada vez que no se detiene un proceso, se refuerza su legitimidad. No porque sea correcto, sino porque sigue ocurriendo.
No hay intención clara, pero sí consecuencias.
Cuando el criterio no entra en juego
En estas situaciones, el criterio no falla. Simplemente no se activa. No porque falte capacidad de juicio, sino porque el momento no se reconoce como una decisión.
Sin pregunta, no hay criterio que aplicar. Sin interrupción, no hay espacio para discriminar. El proceso continúa sin pasar por un filtro consciente, no por negligencia, sino por invisibilidad.
No es ausencia de criterio. Es ausencia de formulación.
Cuando la decisión ya está hecha
No todas las decisiones se presentan como tales.
Algunas no se anuncian, no se discuten y no se asumen, pero aun así terminan definiendo algo.
Y cuando toman forma, ya no parecen una decisión.
Parecen simplemente cómo son las cosas.