Hay situaciones que se repiten con facilidad. Ante una decisión relevante, se busca información. Se leen artículos, se comparan opciones, se escuchan opiniones distintas. El tiempo pasa y, lejos de aclararse, la decisión se vuelve más confusa. Aparecen nuevos matices, nuevas dudas, nuevas variables que antes no estaban sobre la mesa.
El esfuerzo aumenta, pero la claridad no llega.
Cuando más información no aclara
La escena no es excepcional. Buscar más suele parecer una respuesta lógica cuando algo no termina de encajar. El gesto es casi automático: ampliar la búsqueda, profundizar un poco más, contrastar otra fuente. Sin embargo, en lugar de reducir la incertidumbre, esa acumulación termina por ampliarla.
No porque la información sea incorrecta, sino porque añade capas sin ordenar el conjunto.
Información y criterio no cumplen la misma función
La información es externa y acumulativa. Se obtiene, se suma, se amplía. No tiene un límite claro: siempre puede aparecer un dato más, una opinión adicional, una variable nueva que tener en cuenta.
El criterio funciona de otra manera. Es interno y selectivo. No se apoya en añadir, sino en discriminar. No responde a cuánto se sabe, sino a qué se considera relevante y qué puede quedar fuera sin que la decisión se resienta.
Una cosa no sustituye a la otra. Disponer de información no implica tener criterio. Y desarrollar criterio no exige conocerlo todo.
El precio de no discriminar
Cuando el marco mental es “necesito más información”, la decisión queda abierta de forma indefinida. Siempre existe la posibilidad de seguir buscando. El cierre se aplaza, la responsabilidad se diluye y el juicio propio pierde peso frente a inputs externos.
Con el tiempo, decidir empieza a parecer arriesgado no por falta de datos, sino por la sensación de que aún no se sabe lo suficiente. El exceso no bloquea por ignorancia, sino por saturación.
Saber más no siempre acerca
Hay un punto en el que seguir acumulando información deja de acercar a la decisión y empieza a alejar de ella. No porque saber sea un problema, sino porque sin un filtro interno, todo pesa lo mismo.
En muchos casos, la dificultad no está en elegir entre opciones mal informadas, sino en decidir qué información no es necesaria para avanzar.
Tal vez no falte información.
Tal vez falte criterio para decidir qué no hace falta saber.